Es impresionante como en un minuto de conocerte, todo lo que siempre me pareció preciso e inalterable de pronto cambiaba. Y esque unas pocas miradas , una gran conversación  y unas cuantas tazas de café lo habían cambiado todo.
Solo estábamos tu y yo  en aquel instante, y mas que el mundo, el destino nos pertenecía, porque el fuego de nuestras miradas nos hacia olvidar por completo todo lo demás.
La forma en la que sonreías mientras hablabas tan dulcemente de la muerte me cautivo, sin miedo, inmutable y seguro... Era la primera vez que me encontraba con ese tipo de conversación en ese contexto, por eso saboree cada palabra, como si de finas pinceladas de helado en mi boca se trataran  y las oí cuales notas musicales radiantes y llenas de sentimientos.
Y todo por un café...
No nos dimos ni cuenta y ya habían pasado mas de dos horas. Dos horas mirándonos y jugando a cautivarnos entre palabras, sonrisas y caricias tan suaves pero tan profundas... Que marcaban en mi piel el fuego ardiente del infierno. 
Cada vez que me llamabas nenita y me apartabas el pelo de la cara con ese gesto grácil y tan natural, como si nos conociéramos hace años...
Cada vez que te miraba a los ojos y sostenías mi mirada,tus sonrisas inagotables y el brillo de tus ojos al hablar de ciertos sentimientos... todo eso y mas le agradecí a ese café, por uno o mas que fue nuestro destino compartir, y como tu dijiste: 
"Te espero el miércoles para nuestro próximo café ojitos de miel"
 ɹǝǝlɔ