Cuando el espacio tenue que separa los dos polos de nuestro roce fortuito se vuelve nada, nada adquiere el significado implacable del todo. Y así en un roce fugaz de mi mano en tu mano da paso a la cadena de causa y efecto. Tu piel sedienta de mi piel recuerda con cálidos fuegos cada caricia que fue dada en aquel paraje, donde se celebraba el sabath de los demonios, donde los ángeles no ponían sus miradas penitentes por miedo a las represalias de quien no consideraba justo tal placer. Tus suaves sonidos alejaban de mi mente nublada todo cuanto considero propio de mi y lo volvió en ti. Todos mis pensamientos formaron uno, uno mas cálido y mas justo, porque el conjunto de ellos marcaba el camino que recorría mi lengua en tu cuello y mis manos en tu sexo. Con cada uno de mis movimientos convertí lo puro en en pecado y cada uno de mis juegos llenos de lívido fueron sentenciados con tus fuertes gemidos que me llenaban de fuerza y ansias de mas.
Tu piel nívea me invitaba a explorarte y tus ojos extasiados pero dulces me hechizaban la mente. No hay comparación cociente en mi mente que entienda lo que encierras celosamente en el color de esos océanos que se disputan por poseerte y que con cada gota escapan en tu mirada, tan hipnótica, tan dulce, tan ...tuya.
Si amor... cielo que me hunde en el infierno con solo un roce tu eres capaz de provocar todo esto en mi, un ser tan impío que se vuelve puro a la vista de tus ojos. Por hoy me iré a descansar mientras te dejo con el recuerdo de aquella noche que vivimos sin pensar, cuando entregaste tu lado mas dulce y me elevaste a las mismísimas llamas que abrazan a los condenados.
ɹǝǝlɔ