Clamo perdon en esta oscuridad que me embriaga, mientras con el sonido del    TIC-TAC  adopto la postura que Pavlov me mostró y esbozo una sonrisa fingida, por no preocupar a todas las almas errantes que por penitencia asumen el papel de vigía en mi vida.
Acepto el dolor y abrazo la soledad  como un destello de sol  dorado que me espera.
 Tomo el tenue frió que desgarra mi piel  y lo siento como lo mas cálido que conocí, porque si es verdad que un día ame, ese amor fue lo que fue y ya no es.
Ahora en este cuerpo solo queda el poder de la maldad acechando mi corazón como un  lobo hambriento en la estación invernal.